
Tras varios episodios violentos registrados en el área metropolitana de Barcelona a comienzos de mayo de 2026, las redes sociales se llenaron de vídeos de personas racializadas cometiendo supuestos delitos. Algunos eran antiguos, otros no estaban verificados y no tenían relación con los sucesos que acababan de ocurrir. Según Verificat, estas imágenes se difundieron para reforzar mensajes que generalizan la delincuencia a toda la población migrante.
La estrategia se conoce como cherry picking: seleccionar únicamente los ejemplos que respaldan una idea y omitir la información que permitiría entender el conjunto. En este caso, la difusión de vídeos impactantes y subtítulos cargados de prejuicios convierte sucesos individuales en supuestas pruebas de un patrón general. La viralidad de estas imágenes puede alimentar el miedo, la estigmatización y los discursos de odio, especialmente cuando todavía hay poca información confirmada sobre un caso.
Los datos tampoco permiten establecer una relación causal simple entre inmigración y delincuencia. Las estadísticas policiales y judiciales requieren contexto y pueden estar influidas por factores sociales, económicos y por posibles sesgos en las denuncias o actuaciones policiales. Además, aunque una persona concreta cometa un delito, eso no permite atribuir ese comportamiento a todo un colectivo. Para verificar estos vídeos, conviene comprobar cuándo y dónde se grabaron, buscar la publicación original y contrastar si guardan relación real con el suceso al que se vinculan.
Los bulos también pueden perjudicar la salud mental
La desinformación no solo puede llevarnos a creer algo falso: también puede generar miedo, ansiedad, incertidumbre y desconfianza. Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, celebrado el 10 de octubre, Newtral ha consultado a especialistas en psicología y sociología para analizar cómo la exposición a contenidos falsos o alarmistas puede afectar al bienestar psicológico. Los expertos advierten de que no se puede afirmar que la desinformación provoque directamente un trastorno mental, pero sí puede contribuir a crear un entorno de preocupación y pérdida de control.
Uno de los riesgos aparece cuando los mensajes alarmistas se refieren a enfermedades, vacunas o tratamientos. La exposición repetida a este tipo de contenidos puede dificultar la evaluación de los riesgos y empujar a algunas personas a buscar más información, aumentando a su vez las posibilidades de encontrar nuevos mensajes engañosos. También puede llevar a interpretar erróneamente síntomas propios o a recurrir a tratamientos sin evidencia científica.
Los especialistas recuerdan que cualquiera puede ser vulnerable a la desinformación, especialmente cuando el tema le afecta emocionalmente o desconoce cómo comprobarlo. Para reducir su impacto, recomiendan contrastar las afirmaciones antes de compartirlas, acudir a fuentes fiables y evitar la exposición constante a contenidos que generan alarma. Verificar la información no solo ayuda a frenar los bulos: también permite tomar decisiones con más tranquilidad y criterio.
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