Una exposición hasta el 26 de enero repasa la historia común de Almadén, en Ciudad Real, e Idrija, en Eslovenia.
Ambas localidades comparten haber sido en el pasado centros mundiales de explotación de minas de mercurio; un mineral venenoso , que derivaba en duras condiciones de trabajo y vida.
En Idrija, por ejemplo, los mineros no llegaban a superar los 40 años de edad.
La muestra se acompaña de un teatro que, bajo el título, «No temo al diablo ni a los poderosos», recuerda el apresamiento de una mujer hace 300 años, acusada de contrabando.

