Cuenta la leyenda que, hacia 1768, un grupo de pescadores, patroneados por Pedro de Llano, hizo construir la ermita en la roca de San Pantaleón para agradecer el haber sobrevivido a una fuerte tempestad.
De ahí su veneración entre las gentes de la mar, que a partir de entonces se reúnen cada 8 de septiembre, para pedir la protección de la Virgen.
La talla es trasladada a hombros desde la ermita hasta el parroquia de San Nicolás de Bari donde permanece hasta el primer domingo de octubre cuando es de nuevo conducida hasta la ermita.
Tanto quienes viven en Pobeña como quienes regresan cada año para asistir a la procesión, tienen claro que el 8 de septiembre es un día muy especial en el calendario.

