La jornada 24 de LaLiga 2025-26 dejó una de esas noches que los aficionados del Atlético de Madrid preferirían borrar del calendario. Después de venir lanzado tras un 4-0 al FC Barcelona en Copa del Rey, el equipo rojiblanco se estrelló contra el Rayo Vallecano con un contundente 3-0 que sorprendió a todos. El choque, disputado en Butarque por problemas con el césped de Vallecas, evidenció la falta de chispa del Atlético, y además reavivó críticas, debates y muchas preguntas sobre el momento real del equipo en la liga.
Partido con sensaciones opuestas
Desde el inicio se notaba que ambos equipos llegaban con estados de ánimo muy distintos. El Rayo Vallecano, metido en la pelea por salir de la zona baja, salió al campo con hambre, intensidad y ganas de ir a por todas. El Atlético, en cambio, venía de un subidón en Copa y con la vista puesta en la Champions League, algo que terminó pasándole factura.
El marcador empezó a moverse cerca del descanso, cuando Fran Pérez abrió la lata con un remate preciso. Poco después, Óscar Valentín amplió la ventaja tras un rebote dentro del área que pilló descolocada a la defensa rojiblanca. Ya en la segunda parte, Nobel Mendy cerró el 3-0 con un cabezazo en una jugada a balón parado que dejó en evidencia los problemas defensivos del Atlético. Fue un golpe duro.
Autocrítica desde dentro del vestuario
Lo más llamativo es que las críticas no llegaron solo desde fuera. Dentro del propio vestuario hubo voces claras. Jan Oblak, uno de los pesos pesados del equipo, no se anduvo con rodeos y reconoció que “merecieron perder”. Habló de falta de concentración, de competitividad y de que no se puede elegir cuándo competir y cuándo no. Un mensaje directo y sin adornos que dejó claro que la plantilla era consciente de la mala noche.
Al mismo tiempo, muchos aficionados habían analizado el encuentro previamente, mirando estadísticas, comparativas y cuotas en alguna casa de apuestas, convencidos de que el Atlético partía como favorito. El resultado, por supuesto, rompió todas las previsiones y alimentó aún más la sensación de sorpresa.
El calendario que no da tregua
Para entender lo ocurrido también hay que mirar el contexto. El Atlético de Madrid venía encadenando partidos cada pocos días, sin apenas descanso. Diego Simeone se vio obligado a rotar mucho la alineación pensando en Europa, y eso terminó afectando a la cohesión del equipo. No es lo mismo un once habitual que uno lleno de cambios, aunque la calidad individual siga estando ahí.
Este tramo de la temporada ha sido especialmente exigente, con seis partidos en apenas 18 días. Se generó así un debate bastante interesante entre aficionados sobre cómo repartir esfuerzos sin perder competitividad en la liga. Algunos incluso comentaban que, viendo la irregularidad del equipo, era complicado hacer apuestas deportivas con cierta seguridad porque el rendimiento variaba demasiado de un partido a otro.
El ambiente en Butarque y la voz de la grada
El partido se jugó en Butarque, debido al mal estado del césped del estadio rayista. Este detalle generó un clima raro desde antes de que rodara el balón. La afición del Rayo aprovechó para mostrar su descontento con la gestión del club, lanzando cánticos contra la directiva antes del pitido inicial.
Por su parte, los seguidores del Atlético que se desplazaron esperaban ver al equipo arrollador de días atrás. Lo que encontraron fue justo lo contrario… un conjunto sin energía y sin respuesta. La decepción fue evidente, sobre todo porque venían de una victoria tan contundente en Copa que había disparado la ilusión.

