
Usar el móvil en la cama se ha convertido en una rutina casi universal, pero la neurociencia advierte de que este gesto aparentemente inofensivo puede estar interfiriendo directamente en los mecanismos del sueño.
La exposición a la luz de las pantallas antes de dormir reduce la producción de melatonina, la hormona que regula el descanso, y mantiene al cerebro en un estado de activación que dificulta la conciliación del sueño.
La neurofisióloga Estela Lladó-Carbó ha explicado en Las Tardes de Tele7 que este hábito no solo afecta al momento de quedarse dormido, sino también a la calidad del descanso y al rendimiento cognitivo del día siguiente.
Dormir pocas horas o con un sueño fragmentado puede traducirse en problemas de atención, memoria y toma de decisiones, con efectos acumulativos que, mantenidos en el tiempo, impactan directamente en la salud cerebral.